FLORES AMARILLAS EN EL CAMINO
FLORES AMARILLAS EN EL CAMINO
Un frío casi insoportable torturaba cada poro de su piel, una piel que había sido olvidada ya hace mucho tiempo por cualquier mano que quisiese acariciarla, olvidada por unos acogedores brazos que la cobijasen en noches esperanzadoras de una compañía que ella deseaba que fuese perpetua pero que tan solo resultaba ser un mero alivio en la otra persona.
Ella quería algo mas y en esos oscuros momentos se acordaba mucho de alguien que se lo había dado todo antes de darse cuenta de su egoísmo, recordaba cuando le decía que para que alguien permaneciese en su vida debía aprender a cuidarlo, a amarlo y a olvidarse de ella por una vez, pero a ella no le gustaba escuchar, su obsesión por conseguir siempre lo que quería no la permitía darse cuenta de que los demás siempre se alejaban de ella.
Pero ya era demasiado tarde para cualquier perdón y ni siquiera sabia cual era aquel dios, su dios, al que siempre le había pedido tantas cosas sin acordarse nunca de darle las gracias por otras buenas que poseía en su vida.
Ya no habría perdón para ella, como podía ningún dios perdonar a alguien que nunca había escuchado, que se había dedicado únicamente a hacer daño a las personas que estaban cerca de ella haciéndose servir siempre del victimismo que su reciente enfermedad le aportaba y que al principio apenaba a todo aquel que la conocía pero que al final resultaba ser un triste fraude?
Como podría perdonar dios a alguien que no aceptaba bajo ningún concepto que los demás fuesen felices a su alrededor, no podía soportarlo.
Estaría pagando en sus últimos momentos todos los abusos de la vida descontrolada, llena de soberbia y de mentiras que había llevado antes de su enfermedad? Nunca pudo aceptar el no poder seguir llevando aquella vida alocada y la amargura la transformó en alguien desequilibrado que en muchas ocasiones abusaba del sexo para cubrir el cariño que ya no sentía por parte de los demás y solía sentirse olvidada y utilizada, pero nunca se paró a analizar el porqué de su comportamiento y el de los demás hacia ella y prefirió pagar su amargura haciendo el mal.
- - Es que no quieres que los demás seamos felices?-
- - _ Si , pero yo primero-
Esa fue la respuesta a la pregunta de una amiga, la respuesta que ahora le rondaba en su mente envejecida y enferma por el paso del tiempo y los malos pensamientos.
Su mirada se clavó una vez mas en el blanco techo del hospital donde las horas interminables minaban cada vez mas su alma , donde la inmóvil puerta nunca se abría para alguna visita que llegase para acompañarla y entregarle su aprecio , tan solo las enfermeras entraban de vez en cuando para hacer su trabajo como eficientes y fríos robots.
Tenis sed, mucha sed a pesar del horrible frío que la invadía, seguro que la fiebre había vuelto, pasó la lengua por sus labios secos para humedecerlos, unos labios que hacia ya una eternidad que nadie quería besar.
Cerró los ojos deseando que aquella agonía terminase de una vez pero algo hizo que los volviese a abrir casi inmediatamente, el peso de un cuerpo sobre su cama la sobresaltó, al abrir los ojos vio a una mujer sentada junto a ella, era rubia con unos extraños ojos entre azules y negros que tras unas gafas de mucho aumento, la miraban con serenidad.
Junto a la mujer, un hombre delgado, moreno de pelo rizado , reposaba su mano en el hombro de la mujer rubia y la observaba con una media sonrisa en los labios.
Que estaban haciendo ellos allí? , Con lo que los había odiado, cuantas veces les había deseado lo peor porque el simplemente quiso ser feliz junto a la mujer rubia, cuantas cosas malas había dicho de ellos, cuanto mal les había causado no deseando que fuesen felices, ahora que hacían allí? Querían vengarse de ella? Reírse ¿verla como se consumía penosamente en su juicio final?
El hombre con voz dulce dijo:
- - dios siempre perdona
- - A pesar de todo aún quedan personas que también perdonan-
- - Añadió la mujer rubia.
Un calor abrasador había dejado su cuerpo completamente cubierto de sudor, miró hacia la ventana de la habitación deseando poder abrir aquella ventana lejana por donde un rayo de sol entraba invadiendo la habitación de una vida que hacia tiempo no se sentía a su alrededor, notaba un extraño nudo de felicidad en su corazón que obligaba de nuevo a este a bombear su sangre llevando la fuerza a cada rincón de su cuerpo llenándolo de vida.
Algo suave rozó el dorso de su mano al moverla y al girarse vio a su lado una rosa amarilla y junto a la perfumada flor una nota que decía-
-ESTÁS A TIEMPO-
BLANCA SANCHEZ
REGISTRADO EN LA PROPIEDAD INTELECTUAL.







Benjamín Rivera dijo
Hola, muy linda hsitoria, saludos cordiales.
16 Enero 2012 | 04:29 AM