GALOPEMOS JUNTOS
GALOPEMOS JUNTOS
Hoy e leído una historia que me trajo recuerdos tan intensos que las musas están inquietas y revolotean impertinentes alrededor de mi cabeza diciéndome que me despoje del manto de la pereza y vomite de una vez todo lo que llevo dentro y es que hay ocasiones en las que por mas que las llamo no aparecen, me abandonan sin piedad ninguna de que mi alma creativa se seque y otras en las que son casi un martilleo insoportable en mi cabeza.
Está bien, habéis ganado malditas impertinentes, y os voy a explicar como me siento.
Esta es la historia de una yegua, así es, soy una yegua encerrada en una cuadra, una cuadra en la que todos los días existe la misma rutina para ella, limpieza, comida y un corto paseo diario que siempre le sabe a poco.
A menudo piensa que su vida es segura y confortable, que tiene todo lo que precisa para vivir, pero muy en el fondo la yegua sabe que se engaña a si misma, se asoma a los gruesos barrotes de la puerta que la separa cruelmente de la libertad y observa los bellos e interminables prados donde le gustaría galopar horas interminables, el sol que la hace sentirse viva, cada una de las flores que le ofrecen un nuevo aroma por descubrir.
Por las noches mira la luna y siente el mismo vacío que embarga su corazón desde hace ya demasiado tiempo, un vacío que la desgarra por dentro y que necesita llenar para seguir viviendo intensamente, para volver a despertar esas mariposas que murieron ya hace tanto tiempo.
Habla con la luna y le pide consejo, que debo hacer?
-Abre la puerta y sal- le dice la luna -la vida te mostrará lo que tanto esperas-
Un día, en uno de sus paseos, la yegua lo vio, sé paró ante el y dejó que aquel hombre de mirada dulce y sonrisa contagiosa la acariciase, y no sabia porque no sentía temor ninguno de el, sus caricias le transmitían calma, su mirada le aportaba confianza aunque ella sabia que entre ellos jamás podría existir el amor, ya no pudo dejar de verle cada día en sus paseos y dejarse llevar por su encanto.

Pero como en todos los cuentos siempre hay una parte mala, la yegua deseaba que aquel hombre fuese su bello corcel, quien galopase junto a ella para descubrir todos aquellos rincones que deseaba enseñarle y que el le enseñase toda su sabiduría, para amarse cuerpo a cuerpo de igual a igual sin barreras, y compartir sus vidas por siempre.
Pero aquel hombre era un corcel prisionero de un encantamiento del que no podía salir y el amor entre yegua y humano se volvió tristemente imposible.
Pero ya era demasiado tarde para la yegua , había abierto una puerta que no pensaba volver a cerrar jamás , ni ver los inmensos prados nunca mas desde detrás de aquellos tristes barrotes , así que le pidió a su jinete adorado que cabalgase sobre ella , deseaba contagiarle de todas las ganas de vivir que ella sentía , quería que el se impregnara de toda su parte salvaje que tan viva la hacia sentir , quería vivir junto a el mil aventuras sin importarle quien fuese ni si algún día el tuviese que decirle adiós, o quizás esperaría a que el se atreviese a romper el encantamiento y se convirtiese en su corcel amado para hacerlo feliz por siempre jamás. Vivir el momento, eso es lo que deseaba y tan solo con eso se sentía viva y feliz cada vez que estaba junto a el.
Quizás algún día su generosidad rompiese aquel encantamiento o quizás continuase sola el camino en busca de su corcel, aquel que fuese capaz de romper todos los encantamientos para hacerla feliz para siempre.











la-bruja-del-ojuelo dijo
Bonita comparativa y perfecta sincronía. La busqueda de la libertad, apareada al encanto, abre espacios y auna vidas, llenando vacíos.
1 Marzo 2011 | 01:25 AM