LA TORTOLA

 

 

La primera y tenue luz  del día empieza a bañar de sombras grisáceas la habitación y una suave brisa sofoca aliviante el  despiadado  calor del verano que ha hecho que mi profundo sueño quedase ya en algo lejano.

 

El canto de la Tortola me relaja, ese canto que siempre me ha gustado y que me traslada  inevitablemente a un pasado que siempre quedará en mi mente, casi veinte años atrás y tan solo cambian algunas cosas como el lugar y el paso del tiempo.

Por lo demás todo sigue igual, el pensamiento puesto en un futuro incierto, el temor a lo desconocido, al no saber....

La juventud quedó en aquella cama desde la cual escuchaba el canto de la Tortola que me acariciaba con su canto desde su palmera, un castillo enmarcado por una playa llena de recuerdos, una historia que se quedó en el camino.

Y quizás, una ilusión esperanzadora.

Como entonces

Mientras la Tortola canta.