Un espantoso grito, un zumbido penetrante y después todo oscuridad fue lo que Marta recordaba de aquella noche que empiezo como una divertida velada festiva, después de aquello se despertó mientras escuchaba unas voces lejanas a su alrededor.

La mirada suplicante de su madre que la miraba a los ojos y la calidez de su mano fueron la primera visión y la primera sensación que tuvo al recuperar la conciencia.

Pudo recordar un poco mas en ese momento, la voz de alguien que le decía que faltaba poco para que la sacaran de entre aquel amasijo de hierros que la tenia prisionera, un insoportable dolor en la pierna que la hizo perder la conciencia en varias ocasiones, el sonido de las sirenas volvió a retumbar en su cabeza, la carretera, un frenazo.

Y entonces las preguntas salieron de sus labios a borbotones y las respuestas que obtuvo no fueron precisamente de su agrado, el conductor había muerto y su novio había sido operado varias veces pero por suerte se recuperaría.

Y ella, se recuperaría? Miro hacia sus piernas y noto el vació debajo de las sabanas, la mirada compasiva de su madre se lo dijo todo, no hicieron falta palabras para saber que nunca mas volvería a ser la misma chica llena de vida , con ilusiones y mil proyectos por delante.

La rabia y la impotencia fueron sus compañeros durante muchos días en aquel hospital hasta el día de su alta.

Marta ya vestida se coloco la chaqueta que sorprendentemente no se había destrozado en el accidente y con un acto reflejo metió la mano en el bolsillo, se quedo mirando aquella papelina impregnada por los restos de un polvo blanquecino.

Hay estaba la respuesta a su impotencia con la cual tendría que aprender a convivir el resto de su vida.